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LA NOVELA



LA NOVELA

De los tres géneros clásicos (épica, lírica y dramática), el que más transformaciones ha sufrido es el épico, desde La Ilíada a las últimas novelas modernas. Dentro del género narrativo distinguimos, por una parte, la épica o poesía narrativa (del griego epos, “narración”), género que se dio preferentemente en la antigüedad clásica (epopeyas), en la Edad Media (épica popular, romances), en el Siglo de Oro (épica culta) e, incluso, en los géneros didácticos (poemas épico-didácticos sobre cuestiones morales y literarias); y, por otra parte, la novela y obras afines (novela corta, cuento, leyenda, apólogo y fábula).
Con el nombre de novela (del italiano novella, noticia o cuento breve) se designan obras que pertenecen a la literatura de ficción, de cierta extensión que, si en un principio surgieron prácticamente como prosificación de los cantares de gesta, poco a poco fueron ganando en complejidad. Se suele considerar El Quijote como el inicio de la novela moderna. Hoy en día la novela es el género literario más leído.
Dentro de la novela distinguimos diferentes subgéneros, que han ido adquiriendo importancia en distintos periodos de la literatura: novela histórica, pastoril, policiaca, picaresca, realista, etc.
En la novela aparecen combinadas las tres formas de elocución clásicas: la narración, base del relato de ficción, caracterizada por el empleo de tiempos verbales en pasado (sobre todo pretérito perfecto simple y compuesto) y escasa adjetivación; la descripción, empleada para la caracterización de personajes y espacios (mediante el empleo del pretérito imperfecto y una adjetivación abundante); y el diálogo, que introduce la voz de los personajes.
En una novela distinguimos los siguientes elementos: narrador, personajes, trama, espacio y tiempo, que desarrollamos a continuación.
NARRADOR: es la voz que cuenta la historia, bien sea en primera, segunda o tercera persona. El narrador en primera persona es aquel que participa de los hechos narrados como un personaje más o como mero testigo de los mismos. El narrador en segunda persona es aquel que se dirige a sí mismo o a otros. El narrador en tercera persona cuenta algo desde fuera, es decir, lo que le sucede a otros sin participar de la historia.
Según el punto de vista desde el que se narra (perspectiva), nos podemos encontrar: que el narrador conoce todo acerca de los hechos que cuenta y de sus personajes (narrador omnisciente); que el narrador retrata la realidad tal y como la ve, sin añadir nada (narrador observador, como en El Jarama, de Sánchez Ferlosio); o que presente la realidad desde la perspectiva de un personaje (ocurre en el relato autobiográfico).
PERSONAJES: constituyen otro elemento imprescindible en el relato. El novelista crea seres humanos, situados en un espacio determinado, que se mueven en una determinada acción. Hay dos tipos fundamentales de personajes novelescos: los diseñados (o planos), que no alteran su comportamiento ni sufren evolución psicológica a lo largo de la obra, y los modelados (o redondos), que ofrecen una complejidad muy acentuada y una multiplicidad de rasgos.
También cabe distinguir entre: personajes principales y secundarios; individuales o colectivos; otras veces el personajes principal puede identificarse con un elemento físico o con una realidad sociológica.
El novelista puede emplear los siguientes recursos para introducir la voz de los personajes: estilo directo (los personajes aparecen expresándose directamente, como en el texto teatral), estilo indirecto (el narrador nos cuenta lo que dijeron los personajes), estilo indirecto libre (sin verbo introductorio, el narrador integra en su relato fragmentos del discurso de los personajes y reproduce sus pensamientos y formas de expresión) y monólogo o soliloquio (oímos la voz del personaje en soledad).
TRAMA: es un elemento fundamental en la estructura de la novela. La historia narrada constituye el núcleo de una novela, ya que sin historia no hay relato. Podemos distinguir entre novela cerrada, caracterizada por una trama claramente delimitada, y novela abierta, en la que la trama no presenta una conclusión clara y queda la sensación de que los personajes continúan sus peripecias más allá del final de la novela, como sucede en La colmena, de Cela.
El relato tradicional ordena la historia en tres momentos consecutivos, correspondientes a un orden cronológico: el planteamiento, el nudo y el desenlace. La narrativa moderna ofrece otras posibilidades, como el montaje o yuxtaposición, el flash back o analepsis (saltos temporales hacia atrás), prolepsis (saltos temporales hacia el futuro), etc.
ESPACIO: es el lugar en el que transcurre la acción, el cual puede ser real o imaginario.
TIEMPO: el tiempo narrativo es completamente diferente al tiempo real. El autor puede situar a sus personajes en la actualidad, en el pasado cercano o remoto, o incluso en el futuro. El transcurso del tiempo interno dentro de la narración puede ofrecer múltiples posibilidades: un instante puede aparecer descrito a lo largo de varias páginas, mientras que varios años pueden quedar resumidos en un solo párrafo. El relato también puede empezar in medias res, es decir, en mitad de la trama.

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