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ROMEO Y JULIETA Y LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE




ROMEO Y JULIETA Y LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE
La visión del mundo que presenta la obra de Shakespeare es variada y hasta contradictoria: se mezclan elementos trágicos con otros cómicos, destaca la presencia de personajes grotescos en situaciones de enorme tensión… Sus personajes no son planos o monocordes, sino que presentan múltiples facetas y matices que los dotan de una extraordinaria complejidad; por tanto, no son tipos, sino que encarnan valores y tienen una profunda psicología; así, Otelo quedó siempre como encarnación de los celos; Macbeth, de la ambición; Hamlet, de la duda paralizadora; Romeo y Julieta, del amor juvenil desgraciado.
Shakespeare sobresalió en todos los géneros dramáticos que cultivó. Con 37 obras dramáticas escritas en unos treinta años, su obra alcanzó la más perfecta expresión del arte teatral de todos los tiempos. Es habitual dividir su obra en cuatro grupos:
a) Dramas históricos
La inspiración en temas nacionales es esencial en el teatro isabelino. A esta línea corresponden diez de las obras de Shakespeare: las “history play” u obras históricas, entre las que destacan Ricardo III o Enrique IV. Los dramas históricos de Shakespeare abarcan unos dos siglos de historia de Inglaterra, del siglo XIII al XV, con sus guerras, sus luchas dinásticas, sus conjuras… Shakespeare busca lo humano por detrás del personaje histórico; en sus dramas se interesa, más que por los acontecimientos, por los hombres, de ahí el alcance universal de sus dramas. Por lo general, Shakespeare encierra en sus dramas históricos, con una fuerza inusitada, aquella violencia tan del gusto de la época.
b) Las comedias
Shakespeare partió de una fórmula ya consagrada: la comedia novelesca y de enredo, de raíces terencianas e italianas. Nos encontramos, pues, con intrigas amorosas que se entrecruzan, salpicadas de dificultades, de celos, de malentendidos provocados por parecidos entre personajes o por disfraces, etc. Pero el genio de Shakespeare enriquece tal materia dándole una inconfundible hondura humana. Los tipos estereotipados, propios de aquel género, se convierten en criaturas vivas, individualizadas.
Entre las comedias de la primera época destacan: La comedia de las equivocaciones, La fierecilla domada (procedente del famoso apólogo de don Juan Manuel, basado en la mujer brava amaestrada por el marido), El sueño de una noche de verano (una de las cimas de la comedia fantástica), Los dos hidalgos de Verona, El mercader de Venecia, Las alegres casadas de Windsor, etc. A excepción de esta última, todas las comedias de Shakespeare están situadas fuera de Inglaterra.
Una segunda etapa estaría constituida por las dark comedies (las “comedias sombrías” de 1601 a 1604), en las que los temas graves cobran especial densidad, como en A buen fin no hay mal principio y Medida por medida.
Finalmente, sus últimas comedias están caracterizadas por la serenidad y el optimismo, como en Cuento de invierno o La tempestad, prodigio esta última de fantasía y lirismo.
c) Las tragedias
La faceta trágica es la mejor de Shakespeare, que escribió la mayoría de estas obras en su período de madurez. La clave reside en el análisis de la conducta de los caracteres, a los que llena de complejidad y emotividad, para hacer creíble su desastroso final.
Romeo y Julieta (1595) se inspira en una historia italiana de Mateo Bandello, aunque con el probable influjo de La Celestina. Sus protagonistas, amantes por encima de la implacable enemistad entre sus familias, han traspasado todas las épocas como modelos de un amor juvenil que salta por encima de convenciones y barreras y sucumbe como consecuencia de aquellas. La obra muestra algunas características representativas del genio de su autor, como la relevancia de los personajes secundarios, el uso de subtramas, el empleo de verso y prosa y, especialmente, la conversión de comedia a tragedia (a partir de la muerte de Mercucio en el acto III) y la precipitación del tiempo, que dan a la obra una gran tensión dramática.
Se trata de una de las piezas más conocidas y representadas del autor, debido quizá a que, pese a su trágico final, la obra exalta uno de los sentimientos más hermosos del ser humano: el amor. En ella, la querella existente entre dos familias de hidalgos de Verona, Montescos y Capuletos, sirve de marco para poner en escena la historia del amor surgido entre la única hija Capuleto y el hijo único de Montesco. El suicidio de Julieta convierte a esta en uno de los personajes femeninos de mayor elaboración y fuerza dramática.
Romeo y Julieta no son personajes propiamente trágicos; los héroes trágicos de Shakespeare se consumen en su propia soledad y son condenados por sus obsesiones y sus pasiones. No se puede decir que mueren víctimas de su amor, pues este no es una pasión negativa ni destructiva. Ellos mueren víctimas del odio y la irracionalidad de otros personajes; la lección que ofrece Shakespeare a través de estas muertes no es la de que el amor puede llevar a la destrucción a dos jóvenes amantes, sino que el odio irracional puede acarrear a los hombres la pérdida de lo que quieren. Los personajes propiamente trágicos son los padres de los jóvenes. La muerte en el contexto de la obra simboliza la muerte del amor en un mundo regido por la violencia, el odio y la soberbia.
Hamlet (1600-1601) es probablemente la pieza teatral más famosa de la cultura occidental. Su gran atractivo se debe –además del dominio del arte de los monólogos– a su excepcional combinación de valores teatrales y profundidad moral y psicológica. La obra se inscribe en el género de la tragedia de la venganza (el protagonista debe vengar la muerte de su padre, el rey de Dinamarca).
Otelo (1604) es la tragedia de los celos. El protagonista, hombre de natural violento, se ve arrastrado por las sospechas que hace nacer en él Yago, envidioso de la gloria de su jefe. Piedad suscitan tanto Desdémona, la víctima inocente, como el ofuscado Otelo.
El rey Lear (1604-1605) es el drama de la ingratitud filial. Lear, vilipendiado y abandonado por sus dos herederas, se ve arrastrado a la desesperación, la locura y la muerte.
Macbeth (1606) es excepcional entre las tragedias de Shakespeare por tener como héroe a un asesino. Lady Macbeth, impulsando a su marido al asesinato del rey de Escocia, se ha convertido en paradigma de la funesta ambición, destructora y autodestructora.
d) Las obras romanas
Julio César (1599), Antonio y Cleopatra (1606-7) y Coriolanus (1607-8) forman un grupo bien diferenciado dentro de la producción dramática de Shakespeare. También en ellas supera el autor lo puramente histórico para atender a los conflictos interiores de los personajes.
En conclusión podíamos decir que si los asuntos de las obras de Shakespeare no son originales (pues están tomados de crónicas medievales, relatos italianos o dramas anterioes), él les dio, en su tratamiento, una profundidad y un sentido nuevos, universales.

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