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EL JUGADOR Y LA OBRA LITERARIA DE DOSTOIEVSKI




EL JUGADOR Y LA OBRA LITERARIA DE DOSTOIEVSKI

   La producción novelística de Dostoievski es muy amplia, intensa y completa. Se le ha considerado el creador de la novela social rusa, por los ambientes miserables y sórdidos que refleja. Como rasgos fundamentales de sus novelas destacamos el profundo análisis psicológico de sus personajes, unos seres torturados por la culpa, la conciencia o el destino; sus novelas plantean siempre dilemas morales y una intensa preocupación por los problemas religiosos y existenciales. El conjunto de experiencias vitales, unido a sus extraordinarias dotes de observación, dará lugar a que Dostoievski sea un novelista con una capacidad portentosa para retratar a seres atormentados. Su producción novelística puede dividirse en tres etapas:
    a) La primera etapa abarcaría desde sus inicios literarios hasta su deportación en 1849. Dominada por la temática social, se inicia con Pobres gentes (1846), novela epistolar donde ya se advierte ese interés del autor por el dolor humano y su amor por los humildes. En esta etapa también escribe cuentos y novelas cortas como El doble o Nochas blancas.
    b) Tras un largo paréntesis, se inicia una nueva etapa con su regreso de Siberia en 1859. Esta etapa se centra en la preocupación existencial, la meditación sobre el sufrimiento humano y la búsqueda del sentido de la vida. Concibe ahora la religión como la única fuerza capaz de superar las desdichas humanas. De esta etapa son sus Memorias de la casa de los muertos (1860), novela autobiográfica en la que recoge de forma sobrecogedora su experiencia en el penal siberiano, y Humillados y ofendidos (1861), en la se acentúa la temática de la injusticia social mediante el contraste doloroso entre los débiles y una nobleza pervertida. En Memorias del subsuelo (1864), denuncia la soledad del hombre urbano y lo absurdo del intelectualismo materialista.
    c) Su etapa cumbre se inicia en 1866, centrada en el conflicto existencial del hombre. Crimen y castigo (1866) es considerada por la mayoría de la crítica como su obra maestra; su protagonista asesina a una vieja usurera, pues cree que actúa correctamente al eliminar a un ser detestable, salvando de esta manera a su familia de la indigencia; pero un permanente estado de excitación y de culpabilidad lo van cercando y poco a poco incluso delatando, hasta que finalmente, acosado por su conciencia, se entrega a la policía y cumple en Siberia su condena. Del mismo año es El jugador, que analizaremos a continuación. Le siguen El idiota (1867), Los endemoniados (1871), El adolescente (1875) y Los hermanos Karamazov (1878-80), su obra más ambiciosa; es la historia de un parricidio, en la que el autor muestra un antiguo remordimiento al haber deseado la muerte de su propio padre, un hombre lujurioso, borrado e inhumano.
    Además de sus novelas, Dostoievski también escribió artículos y ensayos.

    Análisis de El jugador (1866)


   El jugador  fue escrita en 1866 y publicada en 1867. La novela refleja, por un lado, la propia adicción de Dostoievski al juego de la ruleta, y por otro, la dependencia psicológica que producen las apuestas, y se nos muestra como un testimonio fatalista de la incapacidad del ser humano de controlar sus impulsos, además de otras pasiones personales. Pero El jugador es además una lúcida reflexión sobre el carácter ruso. Alexei, el protagonista, es el preceptor —pobre, noble y honrado— de la familia del general. Está enamorado de su hijastra Polina, pero no se atreve a confesarle sus sentimientos. La catástrofe se produce cuando la tía del general pierde su fortuna en el casino en pocas horas y el general ve alejarse sus esperanzas de heredar, quedando sumido en la desesperación. Alexei cree que consiguiendo dinero va a alcanzar el amor de Polina, y juega compulsivamente a la ruleta; gana una fortuna, pero luego la pierde con la misma indiferencia con que amontona los billetes sobre el verde tapete. Como otros personajes de Dostoievski, Alexei es incapaz de ordenar y controlar sus emociones, que lo encaminan hacia su perdición.
    La obra consta de diecisiete capítulos, narrados en primera persona, por lo que estamos ante un narrador protagonista: Alexei cuenta lo que hace, siente y observa a su alrededor. Se trata de una especie de diario, memorias o conjunto de notas que de vez en cuando retoma el protagonista. El jugador tiene un cierto carácter autobiográfico; además, Dostoievski escribió su obra bajo la amenaza del cumplimiento de un plazo para que pagase unas deudas que había contraído con el juego, y apremiado por un contrato firmado con su editor. Pero esta narración es mucho más que un retrato de la pasión por el juego, como pretendía explícitamente el escritor ruso. La obra arroja una penetrante mirada sobre las interioridades del carácter ruso. Así, el general vive por encima de sus posibilidades una engañosa vida de fastos y lujo; la tía, rica e inconsciente, fustiga el comportamiento de su sobrino, pero pierde su fortuna en la ruleta; Alexei siente un profundo complejo de inferioridad y busca en el juego un rápido enriquecimiento para conquistar a Polina. Los tres personajes son profundamente fatalistas y piensan en un golpe de fortuna para salvar sus vidas. Pero finalmente las cosas se tuercen y los tres pierden sus esperanzas de ver realizados sus sueños. Dostoievski no realiza un juicio moral sobre las conductas de sus personajes: solo los describe y los comprende; y, en cierta manera, los justifica porque son como él: nada se puede contra la mala suerte, una filosofía hondamente arraigada en el pueblo ruso.
    La obra se desarrolla en Ruletemburgo, una imaginaria ciudad alemana por la que transitan personajes extravagantes en busca de fortuna en sus casinos.
    El lenguaje se caracteriza por la sencillez y la sobriedad. Las descripciones de lugares son muy parcas, si bien el autor se decanta por la descripción física y psicológica de los personajes. Abundan las expresiones en francés, lo que denota la gran influencia y prestigio que tenía este idioma entre las clases altas europeas el XIX.

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